De acuerdo con el ensayo de mi
compañera Beatriz de la semana pasada, vivimos en una sociedad en la que nos
dejamos llevar por el impulso de estar a la moda. Esta novedad social nos lleva
a querer adquirir, aunque no queramos, muchos productos que están de moda, como
ella citó: blackberry, hunter… Aunque no todos –y a todos me refiero
principalmente a las mujeres- caemos en
la tentación de la compra, a la mayoría de nosotras nos gustaría tenerlos.
Por motivos económicos, básicamente, no
compramos el producto de marca, pero igualmente caemos en la tentación de
adquirir modelos similares para estar “a la moda”. A mí, como mujer, me encanta
ir a la moda en cuanto a ropa se refiere. Como me conozco a mí misma hay muchas
veces que ni me acerco al centro comercial con mis amigas para no caer en la
tentación de comprarme algo, ya que, una vez dentro del círculo vicioso que he
empezado, seguiría comprándome una cosa detrás de otra. Como siempre digo: “me
encantaría ser rica para comprarme un montón de ropa”. Sin embargo mi actitud
no es tanto compulsiva ya que pienso en todos los factores – el económico
mayoritariamente- antes de comprar. También porque ya conozco ese sentimiento
“post-compra” como de remordimiento, aunque pasados unos minutos cuando ya me
he dispuesto a estrenar mi nueva compra, ese sentimiento ya se ha apagado.
Parte de la culpa de esta
impulsividad a la hora de comprar es, sobre todo, de la publicidad. La
publicidad nos ciega. Nos intenta reflejar, como menciona Jaime Nubiola en su
libro Invitación a pensar, la
supuesta felicidad de las famosas como Victoria Beckham o cualquier otra, con
un producto novedoso y de marca. Cada vez hay más anuncios en la televisión de
ropa, con guapísimas modelos que la llevan, que intentan hacernos pensar que
nosotras estaremos igual de divinas si llevamos las prendas de esa marca; o los
invitados a programas de televisión como “El hormiguero” que son famosos que
van siempre a la última y son “iconos de la moda”.
Existen muchas personas cuya
perdición es ir a la moda. Por mi parte, tristemente, conozco a gente que
prescinde de cosas esenciales para tener lo “último”, que cada mes van de
compras, porque ahora hay nuevas colecciones de las tiendas casi me atrevería a
decir cada semana. Estas situaciones pueden llevar al “agobio” económico pero
como no son conscientes de su “adicción”, pues siguen prescindiendo de cosas
realmente importantes. No por ir a la última vas a tener mejores amigos o
peores, y esto lo reveló también una encuesta que una amiga mía realizó el año
pasado a niños de entre 7 y 11 años: ellos aún no han perdido de vista lo que
es importante de verdad. Y cuanto más crecemos, más parece que se va perdiendo.
Esta gente intenta sentirse mejor consigo misma, porque lo que parece que
realmente está de moda en nuestra sociedad, tristemente, es la apariencia. Que
todos me vean bien es lo que realmente importa y nos olvidamos de lo que
verdaderamente sí es importante, ser nosotros mismos sin que cuente más lo que
opine el resto. Las amistades no se forjan por la manera de vestir, sino por la
manera de ser. La moda es cambiante, las amistades son para siempre. Como todos
sabemos y bien nos lo dice el refrán “las apariencias engañan”, pues cuando
tengamos claras nuestras ideas y lo que verdaderamente tenemos que tener en
cuenta a la hora de comprar, podremos vivir con la conciencia tranquila, vivir
en paz.


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